SIETE CARDENALES HABLAN DE LA
RENOVACION CARISMATICA CATOLICA
LA IGLESIA, PATRIA DE RENOVACIONES ESPIRITUALES
Pablo VI
El primer respaldo pontificio a la Renovación llegó de parte del Papa Paulo VI, que en 1975 le pidió realizar su encuentro anual en Roma. El Papa Juan Pablo II también ha manifestado su confianza por los frutos del movimiento.
El Carisma de la Renovación se manifiesta en "elementos de la Buena nueva que son prioritarios y no opcionales": la alianza de Amor con el Padre, el Señorío de Jesús, el poder del Espíritu, la vida sacramental y comunitaria, la oración, los carismas y la necesidad de la Evangelización.
Y dado que la Renovación se considera en el corazón de la Iglesia, descubre que parte de su propia misión es tener un papel en la renovación de la vida parroquial. De la misma manera, se considera que, colectivamente, los 7 dones del Espíritu por los que el miembro de la Renovación suplica, están encaminados a la edificación del Pueblo de Dios.
Juan Pablo II
La Renovación Carismática, don del Espíritu a la
Iglesia, según el Papa
Celebra los treinta años de su implantación en Italia
CIUDAD DEL VATICANO, 14 marzo 2002 (ZENIT.org).- Juan Pablo II celebró este jueves los treinta años
del nacimiento de la Renovación Carismática en Italia recibiendo a una
delegación de miembros de este movimiento eclesial esparcido por todo el mundo.
«¡Sí! --exclamó con entusiasmo el Papa
al dar la bienvenida a los «carismáticos», como comúnmente son
conocidos--. La Renovación en el Espíritu puede ser considerada como un don
especial del Espíritu Santo a la Iglesia en nuestro tiempo».
La Renovación en el Espíritu Santo cuenta en Italia con más de 200 mil
miembros, distribuidos en 1.800 comunidades o grupos de oración. Según cálculos
citados este jueves por Radio Vaticano, reagrupa en el mundo al menos a 80 millones de
católicos.
El Santo Padre agradeció en particular el espíritu con el que crece la
Renovación en Italia, caracterizado por «la colaboración con la Jerarquía y
con los responsables de los demás movimientos, asociaciones y comunidades».
«Nacido en la Iglesia y para la Iglesia --constató--, en vuestro
movimiento se experimenta a la luz del Evangelio el encuentro vivo con Jesús,
la fidelidad a Dios en la oración personal y comunitaria, la escucha confiada
en la Palabra, el descubrimiento vital de los Sacramentos, así como la valentía
en las pruebas y la esperanza en las tribulaciones».
El obispo de Roma añadió que «el amor a la Iglesia y la adhesión a su
Magisterio, en un camino de maduración eclesial apoyado por una sólida
formación permanente, son signos elocuentes de vuestro compromiso por evitar el
riesgo de quedarse, sin querer, en una experiencia meramente emocional de lo
divino».
Este riesgo, siguió explicando, se puede apreciar «en una búsqueda
exagerada de lo "extraordinario", y en un repliegue intimista que rehuye del compromiso apostólico».
Al final del encuentro, el Papa bendijo tres proyectos lanzados por la
Renovación Carismática en Italia.
El primero es el apoyo a la implantación de la Iglesia en Moldavia, en
colaboración con la Fundación «Regina Pacis» de la
arquidiócesis italiana de Lecce. Esta institución, entre otras cosas, ha
liberado de la esclavitud de la prostitución en la que habían sido confinadas
cientos de jóvenes moldavas en Italia.
El segundo proyecto impulsado por el pontífice es la animación
espiritual realizada por miembros de la Renovación Carismática de santuarios
marianos, «lugares privilegiados del Espíritu», reconoció, «que os da la
oportunidad de ofrecer a los peregrinos caminos para profundizar en la fe y en
la reflexión espiritual».
Por último, alentó el proyecto de la «Zarza ardiente» (Cf. Zenit, 7 de mayo de
2001), una
invitación a la adoración incesante, día y noche. La iniciativa pretende que
los cristianos «regresen al Cenáculo» para alcanzar la plena unidad y la
conversión de los pecadores. Volver al Inicio
Grandes efusiones de luz y de amor, acompañadas de
milagros y de profecías vienen sobre la Iglesia militante.
Es quizá en las épocas más oscuras, mientras miles de
almas apostatan, cuando el Espíritu Santo parece querer rescatar con la
intensidad del fervor y la frecuencia del heroísmo, las pérdidas sufridas en
cantidad y en ex tensión.
En esas visitas incomparables, en esas misiones
invisibles en las cuales Dios viene a rehacer la obra de sus manos, la Iglesia
siente a sus hilos saltar en su seno, se llena del Espíritu Santo y se
maravilla diciendo: “ qué me sucede que mi Señor viene a mí?”.
Esos toques divinos inflaman su corazón, le dan un
impulso siempre nuevo. Así la Iglesia es patria de renovaciones espirituales y
única fuente de juventud...
En los momentos decisivos de su historia, el Espíritu
Santo vendrá en ayuda de su Iglesia por caminos excepcionales. Suscitará en
ella milagros de fortaleza, de luz, de pureza. En la Jerarquía o en el pueblo
fiel se levantarán hombres y mujeres que tendrán tanta nitidez en la voz y
tanta santidad en el coraz6n para anunciar su mensaje, que el mundo creerá
volver a escuchar a los apóstoles.
Harán milagros, discernirán los espíritus, hablarán en
lenguas. Serán los verdaderos profetas. Profetizarán para iluminar, a la luz de
la revelación, el movimiento de su época y las necesidades de los hombres. En
ellos volverán a aparecer, balo una forma adapta da a las condiciones nuevas de
la vida de la Iglesia, gracias carismáticas que fueron dadas a los primeros
cristianos...
Newman tenía razón cuando pretendió que,
así como sucedió en el primer Pentecostés, los tiempos de milagros son tiempos
de Santidad. (L’Eglise
du Verbe Incarné (1942)
(Tome II, Págs. 463. 469. 471.)Volver al Inicio
LA ESPERANZA
DE LOS “MOVIMIENTOS”
En estos años, muchos católicos han hecho la experiencia
del éxodo; han vivido los resultados del conformismo de las ideologías; han
experimentado lo que significa esperar del mundo redención, libertad y
esperanza. Solo conocían en teoría la faz de una vida sin Dios, de un mundo sin
fe.
Sin olvidar nunca -continúa- que todo concilio es una
reforma que des de el vértice debe después llegar a la base de los creyentes.
Es decir, todo concilio, para que resulte verdadera mente fructífero, debe ir
seguido de una floración de santidad. La salvación para la Iglesia viene de su
interior; pero esto no quiere decir que venga de las alturas, es decir, de los
decretos de la jerarquía. Dependerá de todos los católicos, llamados a darle
vida, el que el Vaticano II y sus con secuencias sean considerados en el futuro
como un período luminoso para la historia de la Iglesia. Como decía Juan Pablo
II conmemorando en Milán a San Carlos Borromeo: “La
Iglesia de hoy no tiene necesidad de nuevos reformadores, la Iglesia tiene
necesidad de nuevos santos”.
No me refiero al impulso de las jóvenes Iglesias, como
la de Corea del Sur, ni a la vitalidad de las Iglesias perseguidas, porque no
cabe relacionarlas directamente con el Vaticano II, como tampoco se puede
situarlas directamente en la atmósfera de crisis. Lo que a lo largo y ancho de
la Iglesia universal resuena con tonos de esperanza —y esto sucede justamente
en el corazón de la crisis de la Iglesia en el mundo occidental— es la
floración de nuevos movimientos que nadie planea ni convoca y surgen de la
intrínseca vitalidad de la fe. En ellos se manifiesta -muy tenuemente, es
cierto- algo así como una primavera pentecostal en la Iglesia.
Pienso por ejemplo, en el Movimiento Carismático, en
los Cursillos, en las Comunidades neocatecumenales,
en el Movimiento de los Focolari, en Comunicación y
Liberación, etc. Todos estos movimientos plantean algunos problemas y comportan
mayores o menores peligros. Pero esto es connatural a toda realidad viva. Cada
vez encuentro más grupos de jóvenes re sueltos y sin inhibiciones para vivir
plenamente la fe de la Iglesia y dota dos de un gran impulso misionero. La
intensa vida de oración presente en estos Movimientos no implica un refugiarse
en el intimismo o un encerrarse en una vida “privada”. En ellos se ve
simplemente una catolicidad total e indivisa. La alegría de la fe que
manifiestan es algo contagioso y resulta un genuino y espontáneo vivero de
vocaciones para el sacerdocio ministerial y la vida religiosa”.
Nadie ignora, sin embargo, que entre los problemas que
estos nuevos movimientos plantean está también el de su inserción en la
pastoral general. Su respuesta es rápida: “Lo asombro so es que todo este
fervor no es el resultado de planes pastorales oficiales ni oficiosos, sino que
en cierto modo aparece por generación espontánea. La consecuencia de todo ello
es que las oficinas de programaci6n -por más progresistas que sean- no atinan
con estos movimientos, no concuerdan con sus ideas. Surgen tensiones a la hora
de insertarlos en las actuales formas de las instituciones, pero no son tensiones
propiamente con la Iglesia jerárquica como tal. Está forjándose una nueva
generaci6n de la Iglesia, que contemplo esperanzado. Encuentro maravilloso que
el Espíritu sea, una vez mas, más poderoso que
nuestros proyectos y juzgue de manera muy distinta a como nos imaginábamos. En
este sentido la renovación es callada, pero avanza con eficacia. Se abandonan
las formas antiguas, encalladas en su propia contradicción y en el regusto de
la negación, y está llegando lo nuevo. Cierto, apenas se lo oye todavía en el
gran diálogo de las ideas reinantes. Crece en silencio. Nuestro quehacer -el
quehacer de los ministros de la Iglesia y de los teólogos- es mantenerle
abiertas las puertas, disponerle el lugar. El rumbo imperante todavía en la
actualidad es, de todos modos, otro. En fin, para quien contempla la situación
espiritual de nuestros días, verdaderamente tempestuosa, no hay más remedio que
hablar de una crisis de la fe, que sólo podremos superar adoptando una actitud
franca y abierta”. (Informe sobre la fe.
Págs. 48 - 51) Volver al Inicio
EL LLAMADO
DEL ESPIRITU
El grupo carismático se centra esencialmente en la
espontaneidad de los participantes: Oraciones personales, lecturas bíblicas,
cánticos colectivos, imposiciones de manos, y aún el mismo hablar en lenguas se
suceden en la mayor libertad... Los grupos llamados carismáticos se multiplican
como por generación espontánea. Inicialmente reúnen jóvenes, luego religiosas y
religiosos, y también sacerdotes. El Cardenal Suenens
llama a esta invasión progresiva del Espíritu: “ Nuevo Pentecostés?”. La interrogación del título del libro parece anticipar
una respuesta positiva.
Un hecho considerable y significativo: Pablo VI acogió
a 10.000 participantes del “III Congreso de la Renovación Carismática
Católica”, el lunes de Pentecostés de 1975. En una benevolente exhortación,
indicó positiva mente tres principios para el discernimiento del Espíritu:
Fidelidad a la doctrina de la Iglesia, acogida de los dones espirituales para
bien común, y primacía del amor que no sólo supone el don de Espíritu, sino
también la presencia activa de su Persona en el corazón del cristiano. El Papa vio en Renovación “una suerte
para la Iglesia y para el mundo”.
Juan XXIII esperaba del Concilio un nuevo Pentecostés:
El florecer de una primavera. Las consecuencias del Concilio son muy diversas.
A pesar de ciertas constataciones y en razón de las mismas, no es tarde para
que los católicos se entreguen resueltamente a una vida de oración y de
renuncia, para seguir a Jesús con las obras y en verdad.
Entonces la necesaria “apertura al mundo” correrá menos
el riesgo de “mundanizaci6n” por el mimetismo tentador, y hallará la
posibilidad de vivir sin glosa ideol6gica, como la sal y la luz del Evangelio,
esto es, como Cristo Resucitado en el poder del Espíritu.
El testigo es el hombre de Cristo, que ama e invoca a
Jesús y vive de El en medio del mundo, y que
encuentra su identidad y su unidad sin buscarlas cerebralmente: el Espíritu
actúa en él, con frecuencia sin que se de cuenta,
para que testimonie a Cristo. ¿No es esto ya bastante? (L’Appel de L’Esprit
París, 1976; Sao Paolo 1984, Págs. 16-17). Volver al Inicio
A LOS
OBISPOS Y SACERDOTES QUE NO ESTAN EN LA RENOVACION
Mis palabras serán ahora para los Obispos, sacerdotes
y diáconos que no se hallan aquí presentes. Ellos forman parte del ministerio
ordenado, ya que recibieron el Espíritu Santo. Y siento el gran gozo de que se
introduzca en la Iglesia el diaconado permanente por qué es una realidad
sacramental.
Mi mensaje es doble: va dirigido primeramente a la
parte invisible de Obispos, sacerdotes y diáconos que no están aquí, a quienes
desde lo más pro fundo de mi coraz6n quisiera presentar una súplica pidiéndoles
tres cosas:
Reconozcan la Renovación, integren la Renovación,
eviten ciertas cosas. Pero también hablo para los líderes que se encuentran
aquí, a los cuales pido lo mismo, pero desde el otro lado.
1. Mi gran sufrimiento es cómo con vencer a nuestros
Obispos y sacerdotes. No a todos afortunadamente, pero tenemos que ser muy
realistas:
Muchos no ven lo que está sucediendo en la Renovación
Carismática.
Mi petición es: por favor, reconozcan la visitación
del Señor, una gracia dada a la Iglesia y al mundo de hoy en esta Renovación,
renovación extraña porque surge de la nada, de una forma muy inesperada y de
América precisa mente. ¿Cómo explicar esto? Yo no me lo explico, también me
sorprende. Pero por favor reconozcamos el gran don que el Señor nos está dando.
Todo el mundo habla de los signos de los tiempos. No
busquen solamente los signos de los tiempos en el mundo. Busquémoslos también
en las estrellas de los cielos, pues hay algo, una gracia extraordinaria que
viene a renovar a la Iglesia desde dentro, sin que pretenda tener el monopolio
de ningún tipo, ya que todos somos carismáticos.
Esto es muy importante. No somos un pueblo especial,
sino cristianos normales. Naturalmente se utiliza la palabra carismática porque
de alguna forma se ha de caracterizar esta renovación. Es lo mismo que cuando
se pregunta ¿Sois jesuitas? Podemos responder: todos somos de la compañía de
Jesús, aunque algunos han tomado el título.
Obispos, traten de abrir la mente y el corazón a las
sorpresas del Espíritu Santo. Es sorpresa porque no es la forma normal. Cuando
el Espíritu sopla escuchen, dejen que el Espíritu sople. Recuerden al Papa Juan
XXIII cuando oró por un Nuevo Pentecostés. El Vaticano II fue el comienzo de
este nuevo Pentecostés y creo que la Renovación Carismática es una continuación
del Concilio. ¿Qué pasará dentro de veinte años? De momento yo veo un
movimiento muy grande del Espíritu.
Obispos, por favor, no vean la Renovación Carismática
como un movimiento cualquiera, sino como un movimiento del Espíritu. No pierdan
el tiempo para ver d se sitúa y se pone o cómo encala dentro de sus planes.
Olviden sus planes y dejen que el Espíritu los inspire.
Les contaré un hecho gracioso. Me cuesta un poco, pero
lo diré en un acto de humildad. Dos años antes de que llegara a ser el Papa
Juan Pablo I me encontré con él en cierta ocasión en Roma y le dile: “Ha leído
el libro ¿Un nuevo Pentecostés?” No, contestó. “Se lo voy a enviar con una
condición: que no me responda diciendo “he recibido su libro y es muy
interesante, ya lo leeré algún día...” Por favor, déme
su reacción o de lo contrario no se lo enviaré”. El era entonces Patriarca de
Venecia, y unas semanas más tarde después de recibir el libro me escribió una
carta muy divertida en la que comenzaba diciendo: “He leído su libro y estoy en
completo des acuerdo con lo que dice en tal página y
en tal línea”. Miré a ver qué era y decía: “Me expreso muy mal”. Y se guía
diciendo:. Usted se expresa muy bien. Yo creía que
conocía los Hechos de los Apóstoles y las Cartas de San Pablo. Pero después de
leer este libro, creo que ahora leo los Hechos de los Apóstoles y las Epístolas
con ojos nuevos”.
Queridos obispos, crean en esto, es Pentecostés, es lo
que sucedió al comienzo de la Iglesia. No hay razón para que esto sólo sucediera
al principio, lo esperemos o no lo esperemos.
Yo tampoco lo esperaba. En el Vaticano II tuve un
discurso en favor de los carismas y nunca pude suponer que unos años más tarde
llegaría a ser una cosa tan fuerte.
Esta es, pues, mi súplica a los Obispos: Sepan que el
Señor está haciendo algo muy importante para la Iglesia. Estén abiertos a ello. (Los líderes carismáticos. Págs. 58 - 59).
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LOS
CARISMÁTICOS
En la Iglesia católica, el movimiento carismático o
renovación carismática nació en 1966 en la Universidad Duquesne
de Pittsburg, Estados Unidos. Un grupo de profesores y estudiantes vivieron
juntos, el 17 de febrero de 1967, una experiencia carismática intensa:
imposición de las manos, glosolalia, llanto de
alegría. Se multiplicaron los grupos de oración como una vena de agua que
empieza a brotar en todas partes, en una Iglesia en Laque las elites
intelectuales, por influencia de la modernidad y de las ciencias humanas,
habían dejado marchitar un tanto su comprensión de la fe. Considerados primero
con re celo por los militantes comprometidos en la acción y por algunos
pastores que temían una desmovilización de sus fieles en el sentido de una
deserción de la lucha social, los movimientos carismáticos, conscientes de las
posibles desviaciones (como serían un fundamentalismo en la lectura de la
Biblia y un pietismo en la vida cotidiana) y del necesario discernimiento entre
una sensibilidad grupal y una auténtica experiencia espiritual, se vieron
pronto alentados por la conferencia de los obispos americanos, que en noviembre
de 1974 declara: “Una de las grandes manifestaciones del Espíritu en nuestro
tiempo ha sido el concilio Vaticano II. Muchos piensan que la renovación
Carismática Católica es otra manifestaci6n semejante.”
En un Congreso de grupos Carismáticos reunido en Grotaferrata el 10 de octubre de 1973, Pablo VI, a la vez
que invitaba al necesario discernimiento, declaraba: “Hay ciertas notas comunes
en esta renovación: el gusto por una oración profunda, personal y comunitaria,
una vuelta a la contemplación y un énfasis de la alabanza de Dios, el deseo de
entregarse totalmente a Cristo, una gran disponibilidad para las llamadas del
Espíritu Santo, una lectura más asidua de la Biblia, una amplia comunicación
fraternal, la voluntad de aportar un concurso al servicio de la Iglesia.” El
propio Pablo VI otorgó un verdadero reconocimiento oficial a la renovación
carismática cuando recibió a los 10.000 participantes del tercer Congreso
internacional, después de una misa celebrada en la basílica de San Pedro (mayo
de 1975). El Papa propuso tres principios para orientar un indispensable juicio
crítico: la fidelidad a la doctrina, la gratitud y el amor. Y añadió espontánea
mente su deseo de que el movimiento sirviera para infundir una espiritualidad,
un alma, un pensamiento religioso que rejuveneciera al mundo y volviera a abrir
sus labios cerrados a la oración, al canto, a la alegría, al himno, al
testimonio (Discurso del 19 de mayo de
1975). Volver al Inicio
Desde su nacimiento en Estados Unidos en 1966, el
movimiento se ha difundido por la vieja Europa y casi por todo el mundo,
reimplantando en la Iglesia valores espirituales que habían sido relegados a un
segundo plano; en particular, las experiencias vivas de la oración y de la
alegría cristiana que alcanzan también al cuerpo, de la comunidad de alabanza
con su dimensión ecuménica, del arraigo doctrinal sentido por muchos como una
necesidad, del ministerio de visita a los enfermos y a los presos, practicado
como una exigencia de La vida de fe, etc. Todas estas experiencias aparecen
como una innegable renovación de la Iglesia en el Espíritu Santo. La renovación
carismática, difundida en cerca de cien países y extendida a aproximadamente
medio millón de católicos, recuerda que el Espíritu Santo, antes de ser un
artículo del Credo, fue una realidad vivida en la experiencia de la Iglesia
primitiva. Esta reaparición de los carismas en una Iglesia aquejada de una
crisis de aridez e incertidumbre, de abstracción y de suspicacia reductora,
hace esenciales los valores evangélicos y accesibles a todos al espíritu de
filiación. Herbert Mühler especialista en teología
del Espíritu Santo, de clara: “Desde hace quince años, yo conocía al Espíritu
Santo con la cabeza. Ahora le conozco también con el corazón. Esto ha cambiado
mi vida”. Ya se trate del don de lenguas o de curaciones sorprendentes, una fe
pone de manifiesto su vitalidad esperándolo todo de Dios, como en los primeros
días de la Iglesia, incluyendo en su espera la curación y la reconciliación
fraterna, el gozo compartido y el amor a la alabanza y a la contemplación. En
pocas palabras, la inteligencia del corazón abierta al soplo del Espíritu de
Dios. (Diccionario de las Religiones.
Págs. 262- 263). Volver al Inicio
GRACIAS A
DIOS
Mi palabra es palabra de vivísimo estímulo... Quiero
dar gracias a Dios públicamente por todos los dones que he recibido de la
renovación en el Espíritu, en la cual soy mas antiguo
que la mayoría de vosotros, porque inicié mi camino en 1970 en los Esta dos
Unidos. Por tanto soy más anciano que vosotros. Desde entonces la Renovación
siempre me ha estado muy cercana en pasos y vados muy difíciles de mi vida. Por
ello sean dadas gracias a Dios y a todos vosotros. Rímini 22 de abril de 1988 Conferencia de la R.C. Volver al Inicio